En la actualidad asistimos a un incremento notable de los problemas de salud mental. Ansiedad, depresión, malestar emocional, dificultades de identidad o sensación de vacío aparecen cada vez con más frecuencia en la vida de muchas personas. Este fenómeno no puede entenderse desde una única causa, ya que los problemas de salud mental son, por definición, multifactoriales. En ellos se entrelazan factores biológicos, psicológicos y sociales, configurando una complejidad que difícilmente puede reducirse a una sola explicación o a una única forma de intervención.
Parece haberse consolidado una tendencia a abordar este sufrimiento de manera predominantemente biológica. En este enfoque, los tratamientos farmacológicos u otras técnicas biológicas ocupan un lugar central en la respuesta terapéutica. Si bien estas intervenciones pueden ser necesarias y útiles en determinados momentos, resulta fundamental no perder de vista que el malestar psíquico no ocurre aislado del contexto vital de la persona.
Es necesario recordar la importancia de los aspectos psicosociales. Vivimos en una época marcada por la globalización, la hiperconectividad y la comunicación constante a través de las redes sociales. La rapidez con la que circula la información, la exposición permanente a la mirada del otro y la comparación continua generan nuevas formas de ansiedad y de sufrimiento. En este contexto, no es extraño que aparezcan dificultades relacionadas con la identidad, el sentido de pertenencia o la construcción de una imagen propia. Estas tensiones pueden expresarse en forma de ansiedad, depresión, alteraciones del estado de ánimo o incluso conductas autolesivas, especialmente cuando el vínculo con uno mismo y con los otros se vuelve frágil. En definitiva, cada persona sufre en relación a su propio contexto vital y sociocultural.
Ante esta complejidad, surge a veces la tentación de definir el problema exclusivamente a través de un diagnóstico, como si definirlo con una palabra o una categoría clínica fuera suficiente para resolverlo. El diagnóstico puede ser una herramienta útil para orientarse y compartir un lenguaje común, pero también puede generar una falsa sensación de alivio o de cierre. En algunos casos, aparece el riesgo de que la persona comience a identificarse con esa etiqueta, a verse a sí misma como “el diagnóstico”, reduciendo su historia, sus recursos y su singularidad a una clasificación clínica. De este modo, muchos aspectos vitales quedan eclipsados y la persona pasa a habitar su malestar desde una identidad reducida, más cercana a la de un paciente pasivo que a la de un sujeto con una historia propia.
Nuestra propuesta parte de una mirada diferente. Creemos que para abordar el sufrimiento psíquico es necesario un encuentro terapéutico que contemple a la persona en su totalidad. Un espacio donde sea posible explorar la dimensión biológica, psicológica y social. Un encuentro con un profesional de la salud mental que no se limite a aplicar una técnica, sino que se sostenga en el vínculo, en la escucha, en el acompañamiento y en la construcción conjunta del pasado, presente y futuro de la persona.
Nosotros defendemos una psicoterapia respetuosa, donde es el paciente el que realmente conoce lo que le ocurre y su solución, si bien se encuentra en un momento donde le cuesta sentirlo, verlo y ponerlo en práctica. La psicoterapia que realizamos en Centro de Psicoterapia Tenerife se basa en la construcción de un vinculo donde se pueda iniciar un proceso de autoconocimiento, de encuentro con uno mismo y donde la persona puede volver a reconocerse más allá de cualquier diagnóstico. Nuestra idea es crear un espacio donde la persona se permita ser sí misma.
No es necesario atravesar un gran malestar ni tener un diagnóstico para iniciar un proceso terapéutico. Lo que sí es necesario, es el deseo de pensar, de cuestionar y de permitirse la duda y la ambigüedad. Para hacer terapia no es necesario tener un diagnostico, lo que si es necesario es tener ganas de explorar el propio mundo y de cuestionarse. Se trata de poder hablar de los sentimientos que los otros nos despiertan y de preguntarnos de donde nacen estos afectos. Se trata de poder reconocer en nuestra historia vital patrones que se repiten, cuestionarse de donde vienen y porque se perpetúan.
De esta forma la persona pasa de un ser pasivo, que tiene problemas o sufre un diagnostico, el cual no tiene capacidad para transformar su realidad, ya que todo es explicado a través del diagnostico o problema. A ser un sujeto activo, que puede transformar su realidad, porque decide conocerse y aprender a reconocer sus propios factores vitales, que se relacionan con su sufrimiento y sobre los cuales puede actuar.